Si tienes la sensación de que a tu peque le cuesta cada vez más engancharse a un libro, no es tu imaginación. Los grandes estudios sobre lectura infantil llevan años avisando de lo mismo: los niños leen menos por placer, y eso se nota en cómo entienden lo que leen.
El gusto por leer, en mínimos de 20 años
El National Literacy Trust, una de las organizaciones que más tiempo lleva midiendo la lectura infantil, encuestó a casi 115.000 niños y jóvenes a principios de 2025. El resultado es contundente:
- Solo el 32,7 % de los chicos de 8 a 18 años dice que disfruta leyendo en su tiempo libre.
- Es un 36 % menos que en 2005, cuando empezaron a preguntarlo.
- Apenas el 18,7 % lee algo por gusto a diario: el dato más bajo de toda la serie, casi 20 puntos menos que hace dos décadas.
Son datos del Reino Unido, pero dibujan una tendencia que se repite en muchos países: la lectura por placer va perdiendo terreno frente a las pantallas.
¿Y en España?
Aquí hay una buena noticia y una mala.
La buena: según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2023, el 85,7 % de los niños de 10 a 14 años lee en su tiempo libre, y en el 76,3 % de los hogares con niños menores de 6 años alguien les lee. Es decir, el hábito existe, sobre todo en la infancia.
La mala: leer no siempre significa entender. En el informe PISA 2022, los alumnos españoles de 15 años obtuvieron 474 puntos en comprensión lectora, por debajo de la media de la OCDE (476) y lejos de los 496 puntos de 2015. En siete años, más de 20 puntos menos.
Los niños siguen teniendo libros cerca. Lo que se está perdiendo es el gusto por meterse de verdad en una historia.
¿Por qué está pasando?
No hay una única causa, pero los investigadores señalan varias que cualquier familia reconoce:
- Las pantallas compiten con ventaja: un vídeo de 30 segundos da una recompensa inmediata; un libro pide unos minutos de calma antes de atrapar.
- Leer se convierte en "deberes": cuando la lectura solo aparece como tarea del cole, deja de ser un plan apetecible.
- Dejamos de leerles demasiado pronto: en cuanto saben leer solos, muchos padres dejan de leer con ellos. Justo cuando más falta les hace un empujón.
- Historias que no les hablan a ellos: si el libro no conecta con sus intereses, compite en desventaja con todo lo demás.
Qué puedes hacer en casa (y funciona)
La parte bonita es que darle la vuelta no requiere grandes esfuerzos, sino pequeños rituales:
- Leer juntos, aunque ya sepa leer solo. Diez o quince minutos al día, sin prisa. No es una clase: es un rato vuestro.
- Dejar que elija. Dinosaurios, fútbol, dioses griegos o faraones: el mejor libro es el que le apetece abrir.
- Hablar de lo que leéis. "¿Tú qué habrías hecho?", "¿por qué crees que lo hizo?". Esas preguntas son las que construyen comprensión lectora.
- Convertirlo en un juego. Buscar pistas en los dibujos, resolver acertijos, descifrar un mensaje secreto… La lectura también puede ser un reto.
- Hacerle protagonista. Cuando la historia va de él o de ella, la atención se dispara. No hay pantalla que compita con eso.
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